Thu. Dec 2nd, 2021

En el escenario de lo muy serio, en ese año se presentó el primer informe de la Comisión Warren. Este órgano gubernamental fue el encargado de realizar la investigación del asesinato del presidente John F. Kennedy, acontecido en Dallas en noviembre de 1963. Su nombre se debe a Earl Warren, prestigiado abogado texano que se desempeñó, también, como presidente de la Suprema Corte de Estados Unidos.

En esos momentos, al igual que 50 años después, la opinión pública estaba muy instalada en la incredulidad sobre un asesino solitario. El presunto homicida, Lee Harvey Oswald, más parecía un menso que un sicario. Por si fuera poco, un par de días después del asesinato presidencial, Oswald fue muerto en los mismos sótanos de la policía, hasta donde pudo entrar un cantinero llamado Jack Rubi, para matarlo como si fuera un vengador de Kennedy.
Lo cierto es que una constante de la historia consiste en que los magnicidios siempre quedan envueltos en el enigma, en el imaginario, en la incredulidad y en la desconfianza. Por eso se ha dicho que las fantasías sobre el asesinato de Kennedy hicieron que se olvidaran las fantasías sobre el asesinato de Lincoln, sucedido casi 100 años antes.
Por otra parte, en el mundo Nobel, ese año a Jean-Paul Sartre correspondió el premio de Literatura, aunque lo rechazó, y Martin Luther King recibió el premio de la Paz. Con esto, King se convertiría en el hombre más joven en recibir la tan importante presea.

Su vida había sido dedicada a la lucha contra la discriminación y la segregación racial que había asolado a Estados Unidos a lo largo de su historia. Poco después, en 1968, habría de morir asesinado a manos de un fanático racista, sin imaginar que exactamente 40 años después un hombre de su raza sería electo como Presidente de la nación.
En 1964, como suele suceder en el protocolo de clausura de los Juegos Olímpicos, ese año celebrados en Tokio, el regente capitalino mexicano, Ernesto P. Uruchurtu, recibió la bandera olímpica y, con ello, se inició en nuestro país un ciclo lleno de entusiasmo por ser nuestra capital la sede de los Juegos Olímpicos de 1968.
Se dice que Estados Unidos había utilizado su influencia en la organización olímpica mundial para realizar una cruzada de congraciamiento y de reencuentro con aquellos países con los que, alguna vez en su historia, había guerreado y a los que había vencido. Así que, “al hilo”, se decidieron las Olimpiadas celebradas en Roma 1960, Tokio 1964, México 1968 y Munich 1972. Si esto fue cierto o tan solo se trató de una “coincidencia” tan increíble, ello fue bueno para nosotros.
En un escenario más cercano a las amenidades, ese 64 la Ford Motor Company estrena el primer Mustang en la Expo Car. Por lo avanzado del año lo habría de bautizar como Mustang 64½. Nacieron bebés que se convertirían en actores y actrices muy famosos. Sandra Bullock, Russell Crowe, Nicholas Cage, Marisa Tomei y las mexicanas Yuri, Edith González y Érika Buenfil.
En la pantalla de cine se disfrutó My Fair Lady, Mary Poppins y Zorba el Griego. La televisión trajo una cauda de clásicos: Peyton Place, aquí llamada La caldera del diablo; Bewitched, Los Locos Addams, El Agente de CIPOL, Los Munsters y La isla de Gilligan.
En el campo cultural, los libros no tuvieron un gran año. Quizá lo más notable fue el drama After the Fall, Después de la caída, escrita por Arthur Miller y considerada como un retrato biográfico de Marilyn Monroe, quien había sido su esposa y había fallecido dos años antes, ya divorciados.
En México, ese año se inauguraron museos tan importantes y tan motivadores de nuestros orgullos como lo es el Museo Nacional de Antropología. También se inauguró el Museo de Historia Natural, en el mismo Bosque de Chapultepec. Ellos sustituirían a sus viejas casonas ubicadas, respectivamente, en las calles de Moneda y del Chopo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *