Esta es una historia de amores que comienzan, de amores que
nacen y se reconocen apenas como amores. Es la historia
compartida de gente de una localidad a orillas del río
Papaloapan; la historia de los chicos que han vivido ahí la mayor
parte de sus vidas, si no es que toda; que han crecido juntos
como amigos y están despertando al amor con este río como
testigo.
Esta es una historia de amores que comienzan, de amores que
nacen y se reconocen apenas como amores. Pero es una historia
también de amores que se han ido, de amor que se ha perdido y
de amores que se quiere recuperar. Es la historia compartida de
gente de una localidad a orillas del río Papaloapan; la historia de
los chicos que han vivido ahí la mayor parte de sus vidas, si no es
que toda; que han crecido juntos como amigos y están
despertando al amor con este río como testigo. Pero también es
la historia de sus padres, sus hermanos, sus abuelos; historias,
algunas de pasión y trabajo, y otras de infortunio, de dolor, de
errores y de pérdidas que detonarán la vida de todos.


















Se trata de una historia conmovedora que nos adentra en la vida
de toda la familia: desde los abuelos fundadores del pueblo,
sabios y llenos de recuerdos, hasta esta generación despierta y
ávida de vivir que se enfrenta sus propias preguntas mientras
trata de entender las respuestas de los mayores. Jóvenes que se
conocieron desde niños y crecieron jugando en la ribera del río
con los perros de la calle—que en realidad eran los perros de
todos. Sus vidas están ligadas a la programación del pequeño y
único cine del pueblo. Con todo el potencial de su juventud, están
listos para comerse al mundo, y han dejado atrás las travesuras
infantiles para enfrentarse al despertar de sus cuerpos, a la
rebeldía contra lo que los mayores esperan de ellos; a la
construcción de una nueva manera de decir “si” a la vida y, en
primerísimo lugar, al encuentro del primer amor, el que nunca se
olvida; sobre todo cuando tiene lugar a un lado del río, bajo el
cobijo del sol, la luna y las estrellas.

Todos los personajes, chicos, grandes, más grandes o más
chicos, comparten objetivos: la búsqueda de la felicidad, la
rebeldía ante la injusticia, el ansia de libertad y la posibilidad de
encontrar el amor en ese otro, o esa otra, que nos acompaña
desde hace mas de cuarenta años; esa niña traviesa y
voluntariosa que de momento no quisieras ni ver; ese hombre
lleno de secretos que llega desde ningún lado para quedarse;
esa mujer para quien el bebé que espera es una nueva
oportunidad, una promesa de vida. También esa chica con lentes
y medio gordita que se sentaba a tu lado en la escuela y que se
ha convertido en una hermosa mujer, o ese chico medio rockero
con quien las palomitas del cine adquirían sabor a gloria.

Esto es “Verano de Amor”. No es un lugar de moda, no hay
tiendas, ni sofisticación. Pero es un lugar único en el mundo,
porque es el lugar en donde conocí el amor, a mis amigos; el
lugar a donde… esté donde esté… siempre querré regresar.