Saga del veedor y otros poemas”

“Saga del veedor y otros poemas”, de Juan Guillermo López, se compone de cuatro secciones, donde como en una sonata, aunque en otro orden rítmico. La primera, “Don del espejo”, escrito con el ritmo lento de un andante, es una exposición acerca de la frontera que une dos imágenes o separa una en dos.
En su quietud, el espejo detiene (lo parece a nuestros ojos) el tiempo, sentimos lo abominable o lo vertiginoso que habita al otro lado, en lo intangible. Una existencia que es únicamente reflejo, ese “lugar donde calla la memoria” que es a la vez un universo sin recuerdos, y sonidos ni experiencias tangibles.
Para acentuarlo el poeta Juan Guillermo López recurre a la sinestesia: “Yo alcanzo apenas a balbucear imágenes”, “silencios que enturbiaron los ojos”, y esa dualidad/silencio nos arroja al vacío. Una poesía del silencio en la que hay lazos con Olga Orozco, Alejandra Pizarnik y “Nocturnos” de Villaurrutia.
Tanto en el poeta de los contemporáneos como en Juan Guillermo López están lo infinito e impalpable que vibra entre dos espejos enfrentados. Y es en ese diálogo de silencios que reside la naturaleza de “Don del espejo”, poemario rico en polisemia, matices, imágenes, claroscuros, sentimientos y sensaciones.