Whitney Houston se fue tan impetuosamente como lo fue su vida. Se apaga la voz y nace la leyenda, su nombre se une al de otros grandes que se dejaron arrastrar por el fácil embrujo de las drogas, los tranquilizantes y el alcohol. Se va envuelta en la polémica como se van las luminarias que están destinadas a quedarse eternamente en el recuerdo de los fanáticos.
Era un crónica más que anunciada, esta vez no hubo un guardaespaldas para rescatarla porque los que intentaban asesinarla no tenían apariencia humana, sino que se disfrazaban bajo la apariencia de pastillas, polvos y jeringas. Primero acabaron con su voz y luego le robaron su espíritu y su deseo de vivir. A sus 48 años su cuerpo no resistió una sobredosis y se abandonó a su suerte en su habitación de un lujoso hotel de Beverly Hills que ahora será señalado como la última morada de la Houston.
Su relación de amor y odio con el cantante Bobby Brown fue la comidilla de los tabloides, fue el comienzo del final. A partir de allí la Houston se metió en un callejón sin salida, los fantasmas y los miedos la asfixiaron llevándola a un vértiginosa caída que terminó con su vida. Queda registrado un legado de música que inspiró a muchas generaciones y que seguramente tendrán que hacerse de un minuto de silencio en la ceremonia de los Grammy donde alguna vez fue la reina y señora.
“I will always love you”, “How will I know?” y “Saving all my love for you” perdurarán para siempre como una muestra de un registro vocal que transmitió amor, pasión y también mucho dolor. Descansa en paz Whitney Houston